miércoles, 1 de agosto de 2012

Alegato de fiscalía. 8.5 Fernando “Tito” Jara.


Caso Fernando JARA: si uno leía el diario La Nueva Provincia el 17/12/76 se encontraba con … aclaro por lo que implica la desaparición, y la imagen del cuerpo, hemos decidido poner una imagen, una fotografía de cada una de las personas desaparecidas en el proyector. En el caso de JARA no hemos hallado ninguna imagen. Sus familiares han perdido toda imagen de él, en los sucesivos allanamientos. Les fueron quitando todas las fotografías. Decía que si uno agarraba el diario en esa fecha se encontraba con una publicación (en pantalla) que decía “Fue abatido ayer otro delincuente subversivo” y daba cuenta que había pretendido eludir una patrulla militar en operaciones, en el acceso al barrio Palihue. Hablan de la actuación de efectivos mientras realizaban patrullas de rutina, y como el “subversivo” intentó cubrir su fuga con disparos de armas de fuego. Le agregan  cierto componente extra: “cubría la ciudad un gran manto de niebla” como para darle visos de realidad a lo ocurrido. Dice que “el subversivo se proponía distribuir panfletos”. Señala que el parte del ejército provisto por el comando de la Subzona 51 decía: “El Comando del V Cuerpo informa…” y repite lo ya  mencionado. Eso es lo que la sociedad encontraba en el diario de esa fecha. En realidad los hechos fueron diferentes, como ya ha sido probado en este juicio. Fernando JARA fue secuestrado en el Barrio “Rosendo López” de Bahía Blanca a mitad del año 76, es decir seis meses antes de esta publicación. Aquí brindó su testimonio su hija Laura Elizabeth JARA, quien presenció el secuestro violento de su padre cuando tenía siete años de edad. Desde entonces tanto ella como su hermana Marcela no han sabido más de su padre. Sobre el cautiverio de Fernando JARA en “La Escuelita” testimoniaron Vilma RIAL, Isabel TRIPODI, Jorge ABEL y Eliseo PÉREZ desde cuyos relatos podemos dar por comprobado que Fernando JARA llevaba meses allí secuestrado. A fines del 76 escuchan que está vivo. Lo reconocen. Lo habían torturado todo el tiempo y pesaba sobre él una sentencia macabra: le habían determinado la fecha en que lo iban a matar. El mismo día y en el mismo lugar donde habían sido muertos ROJAS y PAPINI.
Los propios torturadores del centro clandestino le habían señalado eso. El fusilamiento de JARA también fue puntual, fue una noche en las primeras horas del 16 de diciembre de 1976 y a partir de allí, ese día dejó de ser escuchado en “La Escuelita”. Lo mataron en Cerrito y Casanova, en inmediaciones del ferrocarril. Angélica CLARO declaró que junto a su marido esa noche pasó por el lugar,vio el operativo militar, los obligaron a retroceder y escuchó los últimos gritos de JARA que decía: “¡no me maten!”. Hacía meses que él sabía que ese hecho iba a ocurrir. El padre de Angélica CLARO, le dijo a ella que la impresión que había tenido era que el procedimiento era para matar a una persona. Obviamente a JARA lo tenían plenamente identificado sus captores, pero su cuerpo ingresó a la morgue del Hospital Municipal como NN. Ahí vemos cómo se empieza a producir la desaparición de esa persona, estuvo casi un mes en ese lugar, en la morgue, y se le dio intervención al Juez Federal MADUEÑO. Éste Dispuso su inhumación administrativa, no hizo absoluta nada para identificar a ese cuerpo. Tampoco dispuso ninguna medida de investigación para saber quién era el responsable, simplemente la causa judicial que hay de Fernadno JARA es la administrativa de inhumación. Esa deliberada inacción judicial es la que complementa luego La Nueva Provincia en el momento del hecho. En el mismo ejemplar del 17 de diciembre de 1976 se publicó una nota que decía “No eludirán la justicia del hombre y de Dios”. Allí se transmitía un comunicado del Vto Cuerpo de Ejérctio en el que se daba por totalmente esclarecido el atentado en el que murieran ROJAS y PAPINI, informando los nombres de los “responsables”, la función que había desempeñado cada uno. Allí se menciona además de Pablo FORNASARI, a quien habían matado unos meses antes, al igual que Pedro GUTIERREZ, a Juan Carlos CASTILLO, a quien habían ultimado en Catriel, mencionan como prófugo a Fernando JARA, a quien habían matado el día anterior. Esa es la operación de acción psicológica montada desde la inteligencia militar y plasmada en un órgano de difusión pública, para atemorizar a la población con que había peligrosas personas sueltas.
En el año 2003, la Cámara Federal de Apelaciones local, en el marco del Juicio por la Verdad,  solicitó una pericia necropapiloscópica, sobre el cuerpo que había sido asesinada en aquella ocasión. Estuvo a cargo del perito ALBARIÑO y concluyó que esas huellas correspondían a Fernando JARA. La Cámara concluyó que la persona abatida como consecuencia de un supuesto enfrentamiento con personal del Vto Cuerpo de Ejército en calle Casanova, fue Fernando JARA. Sin embargo el cuerpo de JARA continúa desaparecido. Los restos que estaban en la sepultura donde por orden administrativa y con intervención judicial, fue llevado, no son compatibles con las características de JARA, allí pusieron a otra persona. JARA Tenía militancia sindical y política, era trabajador portuario y según relató su hija, era militante MONTONERO. Esa información era conocida y apreciada por la inteligencia de la época, quien señaló a JARA como un “subversivo a eliminar”.  Hasta la actualidad los efectos de su desaparición persisten sobre su familia y se remarca una vez más el poder absoluto. Pruebas del caso: expediente 106/86, el informe Cementerio de Bahía Blanca de causa 11 C, dictamen técnico pericial de investigaciones necropapiloscópicas, legajo CONADEP 477. Como conclusión de este caso, sobresale esta condena diferida que le habían señalado a JARA, esta tortura a plazo fijo por decirlo de algún modo.Todos tenemos la noción de la muerte incorporada, pero vivimos a partir de la incertidumbre de ese momento, a partir de allí es que podemos vivir y ocuparnos de otras cosas. JARA los últimos seis meses de su vida, no pudo hacer eso. Se lo sentenció con la certeza que iba a ser fusilado en determinado momento, y que no podría hacer nada al respecto. Ni el recurso subjetivo a la angustia tuvo Fernando JARA. Roberto ARLT decía que él había entendido el miedo por algo que le hacía el padre: no lo castigaba. Contaba que en lugar de castigarlo, el padre le decía que al otro día le iba a pegar. ARLT explicaba cómo era peor el tiempo que pasaba que el castigo mismo. Dice que así entendió el miedo y lo que es el terror, porque el terror es peor que el castigo. El castigo trae un cierto sentimiento de alivio en el que sabe que va a ser castigado y es castigado. Su realización, la realización del castigo, produce algo en la víctima que finalmente afronta y le permite proyectar su vida de ahí en más. Ahora el terror no tiene ningún atenuante subjetivo. En el caso de JARA lo que estas personas han hecho es aplicar una perversión en estado puro: decidieron que lo iban a matar y se sentaron al lado a ver cómo sufría. Es mantenerlo cautivo sin otro fundamento que esa persona esté mortificada hasta el día del fusilamiento, la actualización constante del poder absoluto que estas personas aplicaron sobre las víctimas: no sólo lo avasallaban,  jugaban con el otro con perversión y crueldad. Esto también producía en las víctimas otra certeza, estaban sujetos a una racionalidad y discrecionalidad que los llevaba a enloquecer. No tenían salida en ese juego mísero que estas personas hacían. Esto tornaba mucho más siniestro y cruel la práctica de este CCD, de estas personas que deberán saber por qué no les alcanzaba la muerte ni la desaparición, y necesitaban desarrollar esa perversión. En síntesis Fernando JARA fue secuestrado en julio del 1976, alojado en el CCD “la escuelita” hasta el 16/12/76 fecha en la que fue fusilado en la intersección de calles Cerrito y Casanova de esta ciudad, y sus restos continúan desaparecidos hasta el presente.