jueves, 14 de junio de 2012

“Las familias no tienen la evidencia de la muerte”


Publicado en PáginaI12.
Con el alegato de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación continuó ayer el juicio a los represores del ex Quinto Cuerpo de Ejército de Bahía Blanca. La abogada Mónica Fernández Avello recordó que el dictador Jorge Videla justificó las desapariciones por “la presión nacional e internacional” que habría implicado ejecutar a miles de personas, citó a una catequista hermana de un desaparecido que pidió a los acusados “al menos un hueso para darle cristiana sepultura” e interpeló uno a uno a los diecisiete imputados: “¿Recibieron o cumplieron órdenes para desaparecer los cuerpos? ¿Dónde están los desaparecidos?”, preguntó y nombró a cada víctima. “Ya no existe la causa invocada por Videla y se los juzga con todas las garantías. ¿Por qué seguir con la complicidad y el silencio?”, los indagó. Por respuesta sólo obtuvo miradas nerviosas y silencio.
El juicio a los represores bahienses, en el que declararon 390 testigos, lleva más de once meses. Además de los 17 imputados y de quienes murieron o siguen prófugos, como el coronel Aldo Mario Alvarez o el teniente Miguel Angel García Moreno, hay más de ochenta represores procesados a la espera del juicio oral, incluidos los marinos de Puerto Belgrano, que deberán rendir cuentas por los crímenes de los obreros gráficos y delegados del diario La Nueva Provincia, Enrique Heinrich y Miguel Angel Loyola.
Fernández Avello comenzó su alegato el martes y concluirá el jueves, cuando pida penas de prisión perpetua para todos los acusados. Ayer, antes de desarrollar los casos de las 91 víctimas, relató los tormentos que recibían en La Escuelita y dedicó un apartado especial a los abusos sexuales. Si bien no se juzgan las violaciones como delito específico, la abogada relató los casos que se trataron en el juicio, que involucran desde guardias del centro clandestino hasta oficiales del Batallón de Comunicaciones 181, y destacó la responsabilidad del Estado de requerir su investigación por separado.
El teniente coronel Osvaldo Bernardino Páez, fiel al hábito que mostró desde la audiencia inicial, se dedicó a retratar a la abogada, que lo recordó como “el interrogador bueno de La Escuelita”. El mendocino Páez, que ante las cámaras se cubría la cara con una carpeta, fue identificado por un sobreviviente como el hombre de cejas gruesas, voz serena y acento provinciano que al pie de la mesa de torturas le decía “no se haga lastimar, hable mi’jo”.
Fernández Avello distinguió el destino final de cada víctima y se detuvo en los desaparecidos. “Los familiares no pueden hacer el duelo porque no tienen la evidencia de la muerte, no tienen el cuerpo, ni siquiera pueden ser acompañados como deudos”, dijo. Recordó la sensación de alivio que describió en el juicio la escritora Paula Bombara, que el año pasado recuperó los restos de Daniel, su papá, e interpeló una vez más a los acusados, que mantienen intacto el pacto de silencio.