Por Diego Martínez

El rol de Vara en la represión ilegal se conoce desde 1985
gracias al testimonio de estudiantes secundarios que estuvieron secuestrados en
La Escuelita. Un grupo de militares los abandonó en una ruta, otro simuló
rescatarlos y los llevó al batallón, donde los visitaba el capellán. Vara les
llevaba galletitas y cigarrillos, les aconsejaba rezar, pero cuando le
relataban las torturas guardaba silencio. Un día les dijo que los
secuestradores eran paramilitares que actuaban por su cuenta y que los estaban
buscando, apuntó en su sentencia la Cámara Federal porteña. Cuando la madre de
una secuestrada le pidió que le acercara medicamentos, Vara le dijo que no
podía, pero que se quedara tranquila, que “a las chicas las tratan bien”. “La
víctima declaró y contó los vejámenes que sufrió en La Escuelita, donde también
nacieron dos niños que fueron apropiados y sus madres desaparecidas”,
recordaron los organismos.
El tribunal que condenó al primer grupo de represores
bahienses ordenó en su sentencia que se investigue a Vara. Los fiscales José
Nebbia y Miguel Palazzani pidieron su detención, pero el juez subrogante
Santiago Martínez no encontró “elementos suficientes”. La Cámara Federal opinó
lo contrario y en agosto ordenó la captura, que encomendó a Interpol. La carta
de la APDH, H.I.J.O.S. y la Red por el Derecho a la Identidad está dirigida al
arzobispo bahiense Guillermo Garlatti, al de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, Mario Poli, y al nuncio apostólico Emil Paul Tscherrig. “El papa
Francisco dijo a las Abuelas que cuenten con él para lo que necesiten, que
estaba dispuesto a ayudar en lo que sea –recordaron–. Creemos que ésta es una
buena oportunidad para ayudar.”
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