miércoles, 8 de abril de 2009

“Los partidos viven en el pasado”

Entrevista con Hugo Cañón, tras renunciar a la Justicia y pasar a la política

El ex fiscal federal de Bahía Blanca se sumó al Encuentro por la Democracia y la Equidad, de Martín Sabbatella. Dice que “el gran déficit de la política” son “los sectores vulnerables” y la desigualdad social.


PáginaI12 

Por Diego Martínez

Luego de 23 años como fiscal federal general de Bahía Blanca y a una semana de haber pedido la elevación a juicio de la causa contra los represores de "La Escuelita", Hugo Cañón cambió de trinchera. El hombre que se plantó frente a la obediencia debida y los indultos cuando la mayor parte de familia judicial acataba sin chistar las directivas presidenciales, que preside junto a Adolfo Pérez Esquivel la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires, renunció al Ministerio Público para sumarse al flamante "Encuentro por la Democracia y la Equidad" que encabeza el intendente de Morón, Martín Sabbatella.

--¿Por qué ahora, justo cuando el juicio por el que tanto peleó está cerca de concretarse?

--Creo que hay ciclos en la vida y que el mayor esfuerzo lo he dado en momentos de gran soledad. El proceso de justicia es irreversible, en Bahía hemos formado una unidad fiscal de excelencia, hemos armado los casos minuciosamente y el requerimiento de elevación es una plataforma básica pero muy completa --reflexiona, y se mete de lleno a repasar los vaivenes de su lucha contra la impunidad.

  De cuna antiperonista, madre radical, padre conservador, almacenero e inmigrante español, Cañón ingresó a la justicia por concurso en 1969, como practicante. El golpe de Estado lo encontró en la Asociación Judicial Bonaerense y empleado en un juzgado provincial. "Quedate tranquilo, estás limpio", le aclaró el juez Carlos Altuve, luego funcionario duhaldista, tras consultar a Ramón Camps. En 1987 logró que la Cámara Federal bahiense indagara y dictara prisiones preventivas rigurosas a los principales jefes del Cuerpo V de Ejército. Fue el primer fiscal que impugnó la Obediencia Debida, actitud que le valió un apercibimiento del procurador Juan Gauna y un editorial del diario naval La Nueva Provincia por "traidor a la patria", y también los indultos, que Menem le facturó con un sumario y un pedido de cesantía. También fue el primer funcionario que viajó a España e Italia para impulsar las causas por terrorismo de Estado y genocidio.

--Más allá del sentimiento de deber cumplido, ¿por qué el salto?

--Siento la necesidad de aportar desde otro lugar y la política es la herramienta esencial para lograr cambios sustanciales. La degradación de la política que vivimos puede y debe revertirse. Y poder brindar experiencia y conocimientos en un espacio de libertad como el que vivimos, sin autoritarismos, torna posible el desafío de pelar por la esperanza, por dar herramientas a los jóvenes para ingresar a la política con pasión.

--La Comisión Provicial trabajó en ese sentido.

--Nuestro programa Jóvenes y Memoria, del que participan 3.000 chicos, muestra que si se dan las herramientas existe una generación llena de creatividad. El comportamiento de la juventud es un realimento fuerte, esperanzador. Y el espacio de Martín Sabatella, con gente joven y una gestión transparente, de cara a la sociedad, es un espacio progresista que alienta a revitalizarse. Es en definitiva una apuesta de vida.

--Usted simboliza la lucha por la justicia en una ciudad caracterizada en gran medida por la indiferencia y la desmemoria. ¿Es casual?

--Bahía tiene profundas contradicciones. Hay una ciudad oficial, formal, pendiente de las apariencias, que un actor definió como "los tapados de piel en el Teatro Municipal más allá de la cultura", y otra más anónima que busca expandirse a través de la cultura, el arte, la generación de nuevas políticas. Se advierte en la evolución de la Universidad del Sur, que nació al calor de la Revolución Libertadora y en los últimos años ha entregado honoris causa a personas como Baltasar Garzón u Osvaldo Bayer.

--¿Qué políticas piensa impulsar?

--Políticas de Estado en materia de derechos humanos que trasciendan la coyuntura y los partidos. Debemos tomar conciencia de que el tema nos involucra como sociedad. O rige la ley de la selva o rige el respeto de las convenciones internacionales. En nuestro país hay un divorcio enorme entre normas y comportamientos. Mientras lo cotidiano es la transgresión a la ley, hay un discurso perverso que reclama endurecerlas o modificarlas, cuando lo que hace falta es cumplirlas. El Estado de Derecho implica garantizar su cumplimiento y dar sustento a los más débiles. Ese es el gran déficit de la política: los sectores vulnerables, sin trabajo, con miseria. El dengue no es casual, se instala en centros de pobreza, marginación, exclusión. Por eso el espacio se llama "Encuentro por la democracia y la equidad", deben ser objetivos permanentes. Los partidos viven más en el pasado que en el presente. Más allá de una insinuación de cambio se mantienen las estructuras tradicionales.

--¿Cuál es su visión sobre las políticas de derechos humanos del kirchnerismo, más allá del proceso a los represores?

--Hay enormes asignaturas pendientes. Basta con recorrer el conurbano. El gobierno obtuvo resultados importantes con la formación de la nueva Corte Suprema, la nulidad de las leyes, la deuda, las reservas, los aumentos jubilatorios o la nacionalización de las AFJP, pero hay una demanda de igualar que está a flor de piel. Después de la dictadura y del menemismo algunos creyeron salvarse aislándose en countries. Pero la falta de alimentación, educación y contención de chicos durante su formación produce lesiones irreparables, como muestra un estudio de Horacio Lejarraga, que presidió la Sociedad Argentina de Pediatría. Las sociedades más igualitarias no sólo producen más beneficios para los pobres, también para los ricos. En Argentina rige la idea de que, aunque la escuela pública se venga abajo, salvo a mi hijo si lo mando a una escuela de excelencia. La experiencia muestra lo contrario. Lo mismo con la salud. Que alguien viva en un coto reservado no lo va a salvar de las enfermedades diseminadas. Aunque más no sea por egoísmo, todos, incluyendo a los más ricos, deberíamos tender a una sociedad más igualitaria.